jueves, 15 de noviembre de 2012

Vuelta ciclista en Guadalajara

                                       
Posted by Picasa

Mañana templada de otoño

La mañana de hoy no estaba calurosa. El sol lucía bien y el ambiente estaba claro, no había nubes sobre la zona y por tanto no había humedad en el ambiente. Quizás esto se debía más al aire que soplaba, flojo eso sí, apenas un relente intermitente, que parecía que llegaba hasta Buendía y volviendo por Alcocer y Pareja aparecía de nuevo por el otro lado del pantano, para soplar de nuevo ligeramente las orejas, que es donde más se notaba que venía frío.
También es cierto que estos últimos días soplaba más fuerte y venía más bajo de temperatura que hoy. Por tanto el paseo matutino se prometía agradable y tranquilo, y así fue y así lo disfruté. Y lo disfrutamos, que Suska venía conmigo como todas las mañanas. Al igual que la cámara, pues hoy, antes de salir de casa y cerciorarme al asomarme por la terraza de cómo estaba el tiempo, también se vino con nosotros pues estos días de atrás, al estar el ambiente ventoso y frío no la saqué ni de la bolsa.

El paseo no ha sido muy largo ni muy productivo en fotos, apenas dos carboneros, una hembra y un macho, picoteando en el interior de las piñas, quizás buscando y encontrando su desayuno de insectos, descolgándose de las ramas entre las agujas de los pinos. También "ha caído" un colirrojo tizón macho.
Alrededor del pantano estaban los militares que llegaron ayer en mediano convoy de vehículos todo terreno y camiones cisterna, ambos del color clásico del ejército, más camiones bomba, de bombeo de líquidos no de detonación, de color rojo, donde en los laterales se podía leer: “UNIDAD MILITAR DE EMERGENCIAS”.
Como decía, no volví con mucho material en la cámara: unas fotos de carboneros, algunas de un colirrojo tizón y otras cuantas de la muy mala poda de pinos, una chapuza de tala, que todo hay que decirlo; unas cuantas de unos bultos en el suelo del pinar, incipientes brotes de unas cuantas setas y completando la pequeña compilación, unas cuantas de las orillas del pantano, donde en distintos puntos tenían parados los militares los vehículos de la UME.

Me acerqué hasta el pueblo después y me llegué al bar, donde tantas mañanas me tomo un desayuno de café con churros, aunque últimamente no voy tan seguido, debido a cierta dieta que tiene uno que seguir, claro que alguna vez, como hoy, me la salto un poco.
Como el salto no es tan grande, ni doloroso por supuesto, pues ahí me tienen, sentado a una de las mesas, de cara a la puerta como ya es costumbre y oyendo a los parroquianos, sin meter yo baza en tales conversaciones, como también es costumbre en mí.
-¡Buenos días! Me contesta el camarero, tras hacer yo el mismo deseo a los concurrentes, en lo que hacía mi entrada en el local y me dirigía a mi mesa. -¿Chocolate? Me dice. No, café con leche y unos churritos, le contesto yo. –Ahora mismo le sirvo. Continúa él en lo que se dirige al interior del mostrador, con unos servicios de desayuno ya consumidos que andaba recogiendo de las mesas.
-¿Es que va mal el negocio? Oigo a uno de los que al mostrador estaban, dirigiéndose a una clienta que había a su lado. – ¡Que si va mal! Contesta ella y él sigue: –Claro, que ahora en invierno..., y sin dar tiempo al hombre a que siga le interrumpe con esto: -No solo eso, y la crisis que hay, que, además, como son artículos de lujo, o “los han puesto así ellos”, con ese impuesto, que... –Ya, claro. Confirma su interlocutor, devolviéndole la misma moneda.
Los rayos del sol, tras filtrarse por los cristales de la ventana, caían sobre mi mesa, mi hombro derecho y parte de la espalda, caldeando el local algo más de lo que al parecer lo había calentado anteriormente la calefacción, lo que provocó que me despojase del chaleco acolchado que llevaba puesto y que en principio no me había quitado.
A un tiempo, por los altavoces estratégicamente colocados en el local, se oía a la Creedence Clearwater Revival con el tema ¿Has visto alguna vez la lluvia?

-Hay que ver el tiempo “cace”, eh. Confirma, más que pregunta el camarero a otro de los parroquianos, sin detenerse a oír negación o afirmación alguna, en lo que sigue con la bayeta en la mano, dando una ligera limpieza sobre el mostrador y se pierde por entre los batientes tras la barra.
-Pues a ti, eso no te “vié ná” de bien, no. Le inquiere el cliente apoyado sobre el mostrador, como sintiéndose aludido. –“Bué”, nunca se sabe. Sin ir más lejos, ayer vinieron los chicos que “vien” a merendar otros martes y me dijeron si podía prepararles unos churros, sabiendo que por las tardes no hago. Y en esas que vienen los “soldaos” y me dicen que si les puedo preparar “pa tós”, “pa” la tarde, unos churros, que querían venir a merendar con chocolate. -¿“Pa cuantos”? Les digo y me dicen que “ciento”. Así que ya me comprenderás. –No te quejarás entonces, no.

-Pues esta noche han caído unas gotas. Dice otro que estaba junto al que contestó apostillando al camarero. -Ya, pero poco, “ná”. “Porquesta mañana subí allí, a las gallinas, pa charlas de comer y ná, el suelo ni marcao”. Le contesta el camarero, ni negando ni afirmando, “sino todo lo contrario”.
-“Anda, que no trabajas tú ni ná”. Le dice otro cliente que por el corrillo rondaba, para meter baza en cuanto la ocasión se presentase. –Es que lo tuyo han “sio” siempre los churros. Apostilla otro. –Anda, si tú no has “trabajao” nunca. Le dice otro que de listo y gracioso quería dárselas, a razón del tono socarrón empleado, y el hombre se anima.
-No, que va, toda la vida. Pues fíjate. Fíjate si llevo años en esto y trabajando. Recuerdo que siendo un chaval, fui con mi padre a (nombre del pueblo sin captar), porque íbamos con el tractor y el remolque haciendo churros por los pueblos, y tenían una cacería.

El contratista un tal Gabriel, que se llevó “pa yá” a Luis Miguel Dominguín y a Pedro Carrasco, fíjate, fíjate si “macuerdo”, que nos subieron arriba y nos pusieron en el balcón del ayuntamiento y allí pusimos el fogón y la churrera.
-Menudas correrías os “habís dao”. Le dice otro. –Fíjate, fíjate –continua- que otra vez nos cogemos el tractor y nos vamos “pal” cementerio de (¿...,...?) y de Pareja, por unas cajas de cinc... -¿De muerto? Le interrumpe el de las correrías. –Pues claro, ¿de qué sino? y unas bayonetas de cuando la gerra, “pal”...
Sin esperar a saber para quién iban a ser las bayonetas, me levanté, me puse el chaleco, la gorra y me eché al hombro la cámara. -¿Qué le debo? Dije al camarero, preparando ya el importe, pues si no ha subido el desayuno en los días que llevo sin aparecer por allí, siempre son 1, 50 €.

Salía por la puerta del local al zaguán cuando terminaba Proud Mary, también de la Creedence.
Y al bajar del primer escalón al zaguán, en lo que llegaba a la puerta de la calle, me marqué unos pasos. ¡Qué tiempos!
Si me vieron los que quedaban dentro ¿qué iban a decir, si todos estamos locos de alguna manera, y el que no, poco le falta?


Adrián Martín Alonso
(AdriPozuelo)
Sacedón, Guadalajara
14 de noviembre de 2012

jueves, 6 de septiembre de 2012

Milano negro posado en el suelo y volando

Nos venía rondando ya hace días y al fin ayer pude fotografiarlo a gusto.

El primer día que lo vi nos salió de detrás de las ramas de un pino, dirigiéndose hacia nosotros, o más bien hacia Suska, pero al verme a mí tan cerca y más grande que él, bastante más grande, por supuesto, desvió su trayectoria y remontó el vuelo.

Estuvo merodeando sobre nosotros un buen rato y maldije el hecho de no haberme bajado la cámara ese día, por tanto, me dije que a partir de entonces la llevaría siempre conmigo, como a Suska, aunque a ella es obligatorio bajarla, o sacarla a pasear.

Aunque hay días que no sé quién saca a quién, o cual de los dos sale por causa del otro.

Otro día apareció poco más o menos de idéntica forma: tras unas ramas de un pino, bajo el que estábamos Suska y yo.

Estaba haciendo fotos a unas cigüeñas que estaban posadas en el suelo, cerca del pantano, y al remontar el vuelo la bandada la vi por el visor de la cámara que venía en nuestra dirección, o más bien en dirección a Suska, pero al verme a mí remontó y se quedó sobrevolándonos en círculo sobre nuestras cabezas, sin atreverse a bajar a por ella, pues yo creo que es por quien baja y se acerca tanto.

Enfoqué la cámara hacia el ave y disparé. Pero a la primera ni se movió el objetivo para enfocarlo ni disparaba el obturador. Yo dale que dale al botoncito, por si es que se hubiera quedado como atascado, pues otras veces pasa y al volver a apretar se desbloquea y sigo haciendo fotos como si tal cosa.

Al observar que no hacía nada, ni ruido ni movimiento alguno, miré a la pantallita para ver si ponía alguna leyenda sobre avería o algo parecido, aunque me extrañaba que se hubiera averiado la máquina, y lo que decía era: "Batería baja". ¡¡"Me cag* en tó lo que se menea"!!

Pues si la lectura de batería decía que había un 50% de carga ¿cómo era posible que se hubiera agotado ya? Pues sencillo; la batería es "trucha", ya que así me ahorraba 40 € de nada -"que ahí es ná"-, aunque sabía que tenía menos amperaje y por tanto menos capacidad de carga, pero no que la cámara la leería mal, o ella diese mala información sobre su carga.

Subí a casa a por la original, que no quise bajarla antes pues con 50 % de carga hubiera tenido suficiente con la otra, y cuando bajamos de nuevo junto al pantano ya no estaba por allí. Por el contrario las cigüeñas seguían al otro lado del pantano, que es donde se habían posado antes de irnos de allí.

Al final del paseo no logré ver al milano y sí a las cigüeñas, que en vuelo estaban sobre la Ribera de Entrepeñas, un poco más adelante de donde tendríamos que pasar nosotros de regreso a casa, dándome la oportunidad, y el gustazo, de fotografiarlas a placer, tanto al posarse, como posadas en el suelo, como cuando remontaron y en pleno vuelo, al alejarse, al acercarse y al sobrevolar en círculo sobre nosotros.

Ayer el modelo fue el milano. ¡Cómo posaba! Claro que no sé si es que me daba bola porque tenía a Suska muy cerquita de él. Ella se acercó más que yo al estar al final de la traílla que yo tenía sujeta, a unos cinco metros más cerca.

Salió de detrás de un pino, como había hecho el día anterior, que no me dio tiempo más que a hacerle cinco fotos de las que tan solo se salvaron tres, y se fue volando hacia el pantano, posándose sobre una roca, que sobresale del terreno un metro aproximadamente.

Como íbamos paseando por uno de los caminos de la ladera del Alto San Julián, la vi muy lejos como para ir a hacerla unas fotos, pues tendría que seguir hasta el próximo camino de bajada hacia el embarcadero, o darnos la vuelta y tomar por otro de los que habíamos dejado detrás.

Al fin me decidí, y si llegaba, llegaba y si no, al menos lo habría intentado. Miré hacia abajo sin dar un paso hacia delante y sin retroceder, ojeé el terraplén y bajé por él, ya que por ahí llegaría directamente al ave.

A cada tramo me paraba y le tiraba unas fotos, teniendo cuidado -mucho cuidado, ya que hay muchas piedras sueltas- de no resbalar y bajar rodando, que aunque llegaría antes abajo, no creo que fuese en condiciones de seguir haciendo fotos.

Llegamos sanos y salvos -Suska no dio ni un ligero tirón siquiera- y me fui acercando despacio al milano, haciendo las mismas paradas, o de igual forma, que bajando la pendiente.

Me quedé como a quince metros del pájaro, pues no quería espantarlo ya que aguantó sobre la piedra hasta que llegamos abajo. Salió volando en tres ocasiones, daba unas vueltas más o menos grandes a nuestro alrededor y se posaba de nuevo.

Cada vez que se posaba me iba hacia él, haciendo fotos en lo que caminaba. Me dejaba hacerle unas cuantas y emprendía de nuevo el vuelo.

La última fue la mejor serie pues quedó frente al sol y el plumaje se veía de otro tono, más lucido. Además, es como si se estuviese despidiendo y me dijera: "saca todas las que puedas y sácame bien, que facilidades ya te doy para ello". Cambiaba de postura, miraba para un lado y otro, para arriba, que no sé qué miraría pues si yo miraba para allá lo mismo se iba y quería tomarle alguna "buena" al remontar el vuelo.

Al final le hice más de cuatrocientas fotos, pero he desechado más cantidad de las que he salvado, que serán alrededor de doscientas.